1. Pasos para la Lectio Divina

Invocación al Espíritu Santo
1. LECTURA: ¿Qué dice Dios?
Es el primer paso en el proceso de apropiación de la Palabra. Leer, leer, leer mucho para familiarizarse con la Biblia. La lectura es una actividad bastante elemental: leer, pronunciar bien las palabras, en silencio o en voz baja o en voz alta. Este primer paso es muy importante y por tanto exigente, no se puede hacer superficialmente ni de prisa. Es preciso hacer una lectura atenta, reverente y pausada del pasaje. Es necesario darnos tiempo para conocer el texto, ver lo que dice e
interiorizar la experiencia del autor sagrado.
Eco: se repite interiormente y luego en voz alta la frase o expresión que más le llegó.
2. MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice Dios?
La meditación indica el esfuerzo que se hace para entrar en el texto, comprenderlo, actualizarlo y traerlo hacia el horizonte de nuestra vida. Es necesario convencerse que el texto fue escrito para nosotros y debe hablarnos a nosotros. Es el momento de descubrir que es Dios quien nos dirige su Palabra y lo hace con mucho amor.
3. ORACIÓN: ¿Qué queremos decirle a Dios?
La oración, nacida de la meditación, comienza con una actitud de admiración silenciosa y de adoración al Señor. A partir de este momento brota nuestra respuesta a la Palabra de Dios. Es importante que esta oración no sea sólo individual, sino compartida, que sea una auténtica expresión comunitaria de súplica, acción de gracias o petición de perdón.
4. CONTEMPLACIÓN: ¿A qué nos comprometemos con Dios?
La contemplación que resulta de la lectura orante de la Palabra de Dios es la actitud de quien se sumerge en el interior de los acontecimientos para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra y, además, intenta comprometerse con el proceso de transformación de la historia. La contemplación no solo medita el mensaje, también lo realiza; no sólo escucha, también lo pone en práctica. Exige vivir lo que uno oye, lee y va aprendiendo.

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